Rock en Sí
Este Blog se escribe con motivo de la clase de Rock y Política de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia. Es un ejercicio académico y sin ánimo de lucro.
miércoles, 24 de agosto de 2022
La Mejor Canción del Rock
miércoles, 17 de agosto de 2022
Sobre Walkmans y Diomedez Días
Cuando tenía como diez años –para ser sincero, no me acuerdo ni qué edad tenía– mi papá me regaló un Walkman. No era un Walkman de esos clásicos, en los que se ponían cassettes, sino una versión degenerada que se quería parecerse más a un iPod. Seguro debe estar por ahí, entre los cajones que yo nunca abro excepto para guardar las cosas que jamás volveré a ver.
Este aparato pequeño y rectangular, "dispositivo del diablo" como le decía mi abuela, se transformó en mi compañero fiel en mis primeros años de adolescencia. Lo solté, debo admitir, cuando descubrí los smartphones, empezando por el BlackBerry. Pero fueron unos años divertidos escuchando música desde mi pequeño Walkman.
Al principio, ni supe. Mi hermana mayor me pasó toda su música de Ares al Walkman. Se trataba de una lista crossover que creo que jamás terminé de escuchar. Me quedé en las primeras pistas, como deseando que nunca se acabaran. Shiny Happy People de REM era la primera de esas canciones. No me acuerdo de mucho, pero me acuerdo de eso.
En las siguientes pistas había canciones de Alejandro Sanz o de Outkast, alguna que otra oldie interpretada por Diana Ross o Stevie Wonder. Este fue tal vez mi primer acercamiento al rock, y vino de mi hermana, que no escucha hoy mucho de eso, sino que le gustan Natalia Lafourcade y otros.
Por otro lado, mi hermano mayor, veinte años mayor, es bien corroncho. Le gustan los vallenatos que nadie más escucha. En un principio a mí me parecía grotesco, pero con el tiempo he llegado a tenerle aprecio a la ventana marroncita y a los sones del acordeón.
Cada que nos íbamos de paseo existía esta regla tácita en la que ninguno podía tocarle el radio a mi hermano. Casi siempre era Diomedez quien cantaba en los largos recorridos por la carretera. Solo en ocasiones especiales, mi hermano colocaba canciones del Binomio de Oro o de Otto Serge. Pura y ñata música colombiana, no joda.
Mis hermanos fueron claras influencias en mis gustos musicales. Gracias a ellos aprendí a apreciar las baladas en inglés, esas que ellos no escuchaban, que eran las que más me gustaban a mí. Se convirtieron en mi espacio personal, cuando iba solo en el carro con mi mamá ponía la X o uno de esos discos que se compran en las gasolineras: 100 baladas americanas, a dos por cinco mil pesos.
De mi madre me quedan las rancheras de Rocío Durcal y Ana Gabriel, esas le encantaban. Principalmente cualquier otra canción de antaño, de las que llaman "música de plancha". Su inmensa colección de CD's de la Fania siguen empolvándose en nuestra biblioteca.
De mi padre me queda su obsesión por Abba. Sus gustos por el country, el disco. Se la pasa escuchando todavía Melodía Stereo en una pequeña radio que heredó de mi abuelo.
Entonces, ¿será que la música sí se hereda? Probablemente. Yo no creo que sea todo herencia. Yo aprendí a perrear fuera de mi contexto familiar, a disfrutar el rock pesado y el house. Mi hermana odiaba Nirvana, yo amo Nirvana. Escucho Diomedez Díaz, pero me aburre después de un rato. Amo a Rocío Durcal, pero prefiero a Rafaella Carrá. Y Abba sí me quedó de legado, creo que me gusta más que a mi papá. Pero mis playlist son solo un 25% herencia, el resto fue descubrimiento propio. Es más no creo que ninguno de mis familiares tenga playlists en Spotify.
miércoles, 3 de agosto de 2022
¡Oh, Libertad, invítame a bailar!
Si algo me queda claro al escuchar una nueva canción de rock, es que ha movido el alma de muchas más personas, antes de mover la mía. La música que acompañó los acontecimientos más volátiles de la era post-WW2 fue la que provino de las rolas cincuenteras.
Las primeras besatones – que no se hicieron entre personas del mismo sexo como sucede ahora [lastimosamente] – se festejaron cuando Estados Unidos y sus aliados derrotaron al Eje. La música que sonaba era el jazz. Estoy hablando de 1945, aún no existía el Rock y ya se servían de la música para contar lo sucedido. "My guy's come back" es de pronto la canción que mejor ejemplifica este espíritu del fin de la Guerra. Liza Morrow representaba a cada mujer que volvía a ver a su hombre soldado regresar a casa, y no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.
Ha-halellujah ⋆ Somethin's cookin' ⋆ They've raised an ovation
Note that I'm in a state of elation ⋆ Call the press in I've got a quotation
Tell the nation my guy's come back ⋆ No more blues for me
Pero la música popular fue la que llegó para masificar este efecto de la música. En los sesentas se vio el auge de la música protesta, con mucha razón, debido a los acontecimientos que caracterizaron esta época: La Primavera de Praga, las revueltas de París en mayo del 68, los movimientos estudiantiles en el hemisferio occidental, y muchos otros más.
¿Y cómo no hablar de rock sin hablar de los movimientos sociales de los años sesenta? No hace falta irse muy lejos para encontrar casos más cercanos, como la película la Noche de los Lápices con su banda sonora, Sui Generis. Canciones que hablan de la represión, sin hablar directamente sobre ella. Son versos que hablan, por ejemplo, de cómo se sentía enfrentarse a un mundo tan cruel en el año de 1973; son esos mismos versos que se convirtieron en himnos de la juventud argentina en la dictadura que empezaría en 1976.
Hubo un tiempo que fui hermoso ⋆ Y fui libre de verdad
Guardaba todos mis sueños ⋆ En castillos de cristal
Poco a poco fui creciendo ⋆ Y mis fábulas de amor
Se fueron desvaneciendo⋆ Como pompas de jabón
El movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, cuyo fin era acabar con las leyes de segregación racial, no fue ajeno a reproducirse también en las rockolas y en los tocadiscos. Martin Luther King Jr. dio su famoso discurso "I have a dream" en la gran aula pública que es Washington D.C.
Las dos canciones que más me llaman de todas aquellas que hicieron parte de este movimiento son Think (1968) y Respect (1967) de Aretha Franklin. ¿Cómo olvidar lo que me hace sentir ese interludio que la reina del Soul saca directamente de un gospel, y es un clamor directo por la libertad:
Oh, freedom (freedom), freedom (freedom) Oh, freedom, yeah, freedom
En definitiva, son canciones que se pueden disfrutar fuera de su contexto. Aretha Franklin es eterna en ese modo, no importa en qué década la escuches, se siente fresca aún su música. Sin embargo, y hablo desde la experiencia personal, es mucho más lindo saber de donde viene esta música – y más específicamente de cuándo viene – para así terminar de apreciarla en todo su esplendor.
La Mejor Canción del Rock
Tal vez sea un buen momento para contarte que mi perro se llama Dylan. Sí, así con ye. Se llama así por Bob Dylan, porque mis papás y yo n...